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jueves, 27 de agosto de 2009

Agosto 27: La gata ñora

Mi vecina del patio, la misma en donde se cayó mi planta que no he podido rescatar, tiene una gata que se la pasa chillando. Su chillido es, supongo, el de una gata en celo. Hace unos ruidos al principio como de un bebé llorando pero después se va convirtiendo en una situación orgásmica.

No estoy seguro si sus chillidos son porque tiene un gato ahí que la satisface en todo momento, aunque lo descarto pues dicen que en el acto sexual a la gata le duele tanto que el gato tiene correr para que no lo alcance porque si no lo mata, y eso en un patio de menos de doce metros cuadrados no creo que sea posible. 

El punto es que la gata lleva más de tres meses así, incluyendo este Verano en donde uno tiene que dejar las ventanas abiertas a ver si corre un poco el aire, y este felino no distingue hora para chillar, tres o cinco de la madrugada, le vale madre. Ya he probado cubrirme los oídos con la almohada, he pensado comentarle a la vecina que su gata es una cachonda o simplemente un buen día aventarle una croqueta con veneno. Tengo pensamientos muy drásticos por culpa de una gata caliente. 

jueves, 6 de agosto de 2009

Agosto 6: Mis vecinos

A casi un año de vivir en el edificio, aún no tengo algún acercamiento con mis vecinos. Tengo algunas impresiones pero nada en concreto. De quien más creo tener conocimientos es de mis vecinos de enfrente, una pareja de jóvenes argentinos, ella salía todas las mañanas a la misma hora que yo para ir a trabajar así que coincidíamos en el ascensor y a él lo he visto regresando de correr. En alguna ocasión que el Carrefour nos trajo el súper a domicilio a la misma vez, olvidaron ponerme la parte de congelados así que tuve que preguntarles si se los habían dejado a ellos, de ahí en fuera nada más. 

Conozco a la italiana del 2º cuando fui a rescatar mi toalla caída del tendedero. Sé también que hay un vecino abajo que tiene un perro desquiciado que apenas lo saca y empieza a ladrar como un desesperado, supongo que será de esos perros pequeños y simplones. Y hablando de mascotas, las dos gatas de la vecina de abajo no dejan de maullar y emitir sonidos incómodos de una gata en celo. Lo peor es que están en un patio fuera de su casa por vivir en el bajo y dan directo a mi ventana. La dueña, una señora regordeta, rubia con un acento entre búlgaro y rumano. 

El último acercamiento se produjo ayer con los vecinos de a lado, una pareja de españoles que creo yo, dejaron el chalet de las afueras con piscina para cambiar a una vida bohemia en el centro, ella muy fashionista y el un poco mamón. Esa era mi impresión hasta el día de ayer que tocaron el timbre para regalarnos una sandia pues se iban de vacaciones de verano.

No sé si sea el principio de una buena relación, pero empezar con un gran pedazo de sandía en Verano es un buen gesto, ya escribiré si esto se convertirá en domingos de dominó y cerveza o tendré que esperar al invierno sin cruzar palabra con ellos  hasta que traigan los churros porque se vuelven a ir.